Me siento un Pelotu2, pero contento por cobrar $385 de incentivo

Me desperté contento por saber que había cobrado $385 de Incentivo Docente, pero no dejo de sentirme un Gran Peluto2. Con 30 años de docente, entregaron mi sueldo en paritarias superadoras. Hace años que como trabajador comencé a pagar impuesto a las ganancias por mi salario.

Me quedé sin voz, por trabajar en escuelas sin vidrios, sin puertas, sin estufas. Aportando más de $1900 por mes al IOMA, más cara que una obra social privada, no tengo cobertura social, y que un simple remedio de dos compuestos, lo tengo que pagar en un 100%.

Después de 30 años de trabajo, miro mi recibo de sueldo y me pagan sumas en negro, y que del 125% de antigüedad, solo llego a cobrar el 40% real.

Tuve que escuchar a una presidenta popular, decir que casi era un vago, y que apenas trabajaba 4 horas, para luego verla bailar en un balcón de su piso en Recoleta. Podría seguir enumerando más cosas, y me pregunté, dónde están todos los derechos que como trabajador me hicieron creer que había conquistado, y descubrí que gran parte de mis derechos estaban repartidos en delincuentes que le robaron a los jubilados, que se quedaron con los “Sueños Compartidos”, en trenes oxidados, en Milagros que no son milagros, en las rutas y obras que no se hicieron y que cobraron, en funcionarios populares que cuentan millones de dólares en el popular barrio de Puerto Madero, mientras que otros lo entierran invocando la protección de Dios.

Cada día que voy al almacén, todo me sale más caro, los servicios aumentaron considerablemente, y siempre todo el peso sobre las espaldas de los trabajadores.

Un presidente que tenía millones de pesos en paraísos fiscales.

Esta lista, solo debe ser apenas del 10% de todo lo que se robaron, de lo que nos robaron, a todos los argentinos de bien, a los trabajadores. Digo el 10% porque aquí no hubo ninguna investigación seria, y todo lo que se descubre, es por la forma burda e impune en la que operaron, pero el 90% restante, debe estar bien custodiada en otros lugares, y garantizada por funcionarios y jueces.

Hoy me siento un Peluto2, pero lo que no me robaron, es la esperanza. Espero que a vos tampoco.

Gracias por leer. Firma: Fernando Carlos Ibañez.

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