¿Dónde está escrito? la pregunta de todo docente

Es común escuchar o leer a cualquier docente preguntar ¿dónde está escrito? cada vez que se da o se intenta dar una respuesta a cualquier interrogante de la actividad escolar.

Por lo general el comentario o consulta se formula de esta manera:

1) La directora dice que tengo que cumplir horario cuando se suspenden las clases, ¿es así?

2) El director dice que hay que asistir a todas las jornadas, en todos los turnos que trabajo. ¿Puede ser?

3) La secretaria dice que hay que reintegrarse el primero de febrero, porque tengo 30 días de vacaciones ¿Qué pasa si no voy?

Los ejemplos podrían seguir, porque son inagotables, como la imaginación del docente.

Ante esas preguntas que contienen afirmaciones previas, uno puede responder:

A la pregunta 1): No hay que cumplir horario finalizadas las clases.

A la pregunta 2): No hay que ir a dos jornadas, sólo a una.

A la pregunta 3) Tenés que reintegrarte el 15 de febrero, como lo hacen todos, aunque tengas 30 días de vacaciones.

A cualquiera de estas 3 respuestas, aparece la repregunta: ¿Dónde está escrito?

Pareciera ser, que en el inconciente de los docentes, está fuertemente arraigado e instalado que lo que dice el directivo es irrefutable, y que sólo podría dejarse sin efecto si se encuentra dónde está escrito que lo que dice el director no es cierto.

La repregunta no hay que hacérsela a quién responde, sino que hay que hacérsela a quién afirma que existe la obligación, es decir, cada vez que te digan que estás obligado a hacer algo, la repregunta debe ser casi automática: ¿dónde está escrito?. Pero  como en el inconciente docente está arraigado que el director tiene razón, esa pregunta nadie se anima a hacerla, y sólo se buscan respuestas en donde no existen, porque las normas no están hechas para negar obligaciones, sino en todo caso para crearlas. Si la obligación no existe, no va a haber una norma que diga o enumere todo lo que no estás obligado a hacer.

En el derecho procesal hay un concepto que se denomina “carga de prueba” y como regla general, que como toda regla general tiene sus excepciones, establece que “la carga de probar corresponde a quien afirma hechos”. En este sentido, si el director dice y afirma que tenés que cumplir horario si no hay clases, es él quien debe probar dónde está escrita esa obligación. Asimismo, si el director dice y afirma que tenés que asistir a todas las jornadas, es él quien debe probar dónde está escrita esa obligación. Por último, siguiendo con los ejemplos, si el secretario dice y afirma que debés reintegrarte el primero de febrero, es él quien debe probar dónde está escrita esa obligación.

Si aceptás que es una carga tuya probar donde está escrita una negación, estás produciendo lo que se denomina “inversión de la carga de la prueba”, y no vas a encontrar la respuesta, porque insisto, el que tiene el deber de informar dónde está escrita una obligación, es quién pretende hacértela cumplir. Esto hace que tengas la obligación de conocer tus deberes y obligaciones, y no me preguntes dónde está escrito, porque es una obligación de todo ciudadano y trabajador conocerlos.

Por otro lado, así como te dije que es una regla general que el que afirma tiene la carga de probar tal afirmación, todo regla tiene sus excepciones, y en cuestión de la carga de la prueba una de las excepciones son las presunciones legales, es decir, presunciones que están escritas en la ley. Por ejemplo, el Estatuto del Docente establece que todo docente está obligado a informar su domicilio real. Si se muda y no cumple con esa obligación, todas las notificaciones que le lleguen al domicilio anterior, son válidas, porque se presume que sigue viviendo en el último domicilio que denunció, así no sea cierto, porque no cumplió con la obligación de informar el nuevo. Es decir, si el director te notifica de cualquier cuestión en tu último domicilio informado, esa notificación es válida, aunque ya no vivas ahí, porque la ley presume que vivís en el útlimo lugar que denunciaste. Si querés que te notifiquen en el nuevo domicilio, tenés que informarlo.

Conclusión:

Es probable que si le preguntás ¿dónde está escrito? a quien te afirma una obligación, esta persona quizás te responda: lo dijo el inspector, o me lo dijeron en La Plata, pero nunca te van a citar la fuente legal de donde surge la obligación que te quieren hacer cumplir. Sin ley no hay obligación, y sin obligación, no hay sanción o posible descuento de haberes.

Cada vez que te digan que tenés la obligación de hacer algo, preguntá ¿dónde está escrito? pero preguntáselo a quién te obliga, no se lo preguntes a quien te dice que no tenés la obligación, porque las “no obligaciones”,  no están escritas. La carga de responder dónde está escrito, pesa sobre quien afirma que existe la obligación, y no sobre quién no debe cumplirla.

Fernando Carlos Ibañez – Docente / Abogado – www.fernandocarlos.com.ar – Portal de Educación

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